sábado, 2 de febrero de 2008

El incomprendido


El quería vivir de otra manera, sin rutinas, con más tiempo para lo que le gustaba, para la familia y el rascarse. Sentía que cada minuto de vida era una obligación, y se aburría.

Este era un hombre que había empezado a caminar por su propio pié, creyendo que el mundo lo había estado esperando, para que el juegue, como una PlayStation.

Tenía muchas ilusiones, muchos proyectos y pocos años, pero cuando uno se encapricha no hay quien lo pare y este llevaba una marcha que era como la de un formula uno.

Se dedicaba a destrozar etapas de su vida y a saltar escalones de dos en dos, su trabajo no le gustaba, porque no era lo que había imaginado; pero era lo que tenía que hacer. El dinero no se gana fácilmente, y, sueños o no, hay que comer.

Se iba de mañana, volvía de madrugada y ya con la cabeza en el nuevo día. Puteando y suspirando desde que ataba la moto hasta que entraba a la ducha. Ni veía a la niña que le esperaba; cuando llegaba, cuando se bañaba cuando hablaba de sus cosas mientras se iba quedando dormido. Que después de todo; el era el hombre y llevaba puestas responsabilidades.-

Y al otro día; la alarma del reloj y los minutos que pasan muy de prisa, y el padre que, justo ahora, se le ocurre llamar, y la niña que tarda en pintarse, y el gerente que hoy irá al local. Y corre escaleras abajo, a medio vestir y con una tostada en la boca, que se le cae mientras se afana con el candado de la moto. La niña sale radiante, tanto que un ciclista se da contra un poste por mirarla, pero el no la ve, solo la apura. Y, tanto no la ve, que se le olvida dejarla y llega con ella a su trabajo — ¿No te jode irte caminando?— Un besito, un te quiero mucho y a pensar en el gerente y su cara de mala leche y sus rezongos en sordina.

El vestuario, hoy también, olía mal y el cocinero; había vuelto a dejar sus zapatos apestosos en el mueble, el polo estaba un poco mojado, pero todo vale teniendo en cuenta que llegaba dos minutos tarde ¡que barbaridad!

Un compañero de trabajo le da una palmada en la espalda y el día sigue.

A la hora de comer lo llama un amigo y entre preguntas de como le trataba la vida, se entera que, ayer, había sido el cumpleaños de su hermano. Y ahí está la llamada del padre y el “otra vez te olvidaste” que le ofuscó, porque no pudo recordar. Llama a su hermano; pero no le contesta y abandona ¿aliviado?

Cuando terminó el día fue a buscar a su novia. Ella lo esperaba con una cara muy rara. — Otra vez no me llamaste— y su respuesta — Pero si sabes que estoy trabajando, vos no entendes nada, claro como no haces nada en todo el día… —Ella lo mira llorando y lo manda a freír churros — Otra ves la cagaste hermano— se dice.

Lo que pasa, es que nadie me entiende, piensa, mientras se toma una cerveza, solo en su casa. Mi novia me deja, mi familia no me habla, en el trabajo me pagan poco y no tengo un solo contacto en el móvil, por que no tengo a ningún amigo que valga la pena, son todos unos niños.

Hoy en día nadie sabe nada

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