Estoy escuchando una canción que suena como mi vida. De a ratos; lenta y armoniosa, a veces, su fuerza, hace que mi corazón lata cada vez mas fuerte.
Te veo por primera vez y tengo una sensación que no conocía; atracción y rechazo. Tu presencia me llama y me atrapa con esa mezcla de sabores, de olores y cosas maravillosas que pasan por mi cabeza y levantan cada uno de los pelos de mi cuerpo.
Tu voz me penetra suavemente. Se desliza por mis oídos hasta llegar a lo más profundo de mí ser. Un viaje estrepitoso, que termina en tus ojos, del color de los arboles en otoño. Oigo tu nombre y solo tengo ojos porque te veo. En verdad no se nada, no entiendo nada.
Soy consiente que esto que vivo es nuevo y no quiero que termine. Quiero que me mires y me regales una sonrisa, que no conozco y se que es hermosa.
Junto mi cara a la tuya y, sin respirar, ahorcado con mi propia lengua, cierro los ojos y te doy un beso que jamás di antes; caluroso y extraño, húmedos los labios de felicidad y alegría.
Estas mirándome a los ojos, paralizada, porque mi mensaje llega a tu alma y por fin veo tu sonrisa imaginada.
Ahora, ya no se que hacer con lo que se que tengo que hacer. La vida nos da la oportunidad de descubrir lo nuevo que nos pasa y que es lo mejor que nos puede pasar.
Conseguí secuestrarte en mi memoria, no puedo dejarte y llamo a tu puerta para que me digas que soy tu mejor experiencia y, juntos ir mas allá de los límites de la realidad.
Encantado, te ofrezco mi mano y te invito a que bailes conmigo y, mientras cojo tu cintura, te digo al oído cosas que no pensé, que me sorprenden; porque, cuando me abrazas, mi mente vuela.
Al despedirnos, nuestras manos que se niegan a soltarse.
La noche se me hace eterna, y no puedo evitar llamarte, y volver a decirte que te amo y que mis besos son solo para ti.
Hasta que te vuelvo a ver, no estoy dentro de mí, mi cuerpo funciona como una maquina dirigida por la rutina. Al fin te encuentro y, cantándote una canción que habla de ti te pido que me acompañes y que me dejes ser tu hombre, por que eres la mujer perfecta para que todo sea de maravillas. Sin decir una palabra cierras los ojos y te entregas a mi hambre de ti.
Tu cuerpo no para de temblar, pero no dices nada. Te abrazo lo más fuerte que pude y te digo que te amo y, con los dedos, voy acariciando cada parte de tu cuerpo y juntos, descubrimos los meandros de la palabra amor.
Después, los días hicieron cada vez se hacia mas difícil la espera y, poco a poco, fuimos creando nuestro espacio, nuestro mundo. Éramos egoístas y nada nos importaba fuera de nosotros y nuestros sueños.
Después…nada, la vida. Nuestra insensatez que apartó las buenas cosas y puso en su lugar a los celos, el mal humor, las discusiones. Pero podíamos con todo. Te dije una vez que mi corazón era tuyo y que no quería que sea de nadie mas, tú aseguraste que nunca lo dejarías solo y siempre lo cuidarías.
Pero la realidad nos despertó a golpes y, en vez de unirnos, pusimos distancias cobardes con la excusa de no terminar mal.
Y cada uno dejó la nube para pensar en ese futuro que nos condiciona con su ilusión, los caminos fueron dos, alejados, sin cruces. Frente a nosotros estaban la soledad, la distancia y el tiempo que era eterno en la espera y fugaz en el encuentro. El hilo que nos sujetaba se fue afinando a tajos de mentiras y desconfianzas.
Conociste a alguien, crees que podrás olvidar con su ayuda, dejaste de amarme. Todo acabó
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