
Dos ángeles gastaban eternidad, mirando a una pareja de jóvenes, desde lo alto de una nube. Los chicos se complementaban, el, bien parecido, y ella, preciosa. El chico no paraba de tartamudear, pugnaba por decir algo importante pero los nervios le estaban jugando una mala pasada y ella no dejaba de reírse.
Los serafines, discutiendo el suceso, terminaron por hacer una apuesta, que ganaría aquel que, metido en el cuerpo del varón, logre ayudar antes en la empresa que perturbaba al chico. Estos dos traviesos de llamaban Nicolás y Mateo, uno era un romántico y el otro era un creído y los dos se fueron al cuerpo del muchacho, para empezar ya.
De pronto, todo se detuvo, las personas no respiraron, las hojas detuvieron, en el aire, su vuelo y los ruidos tornaron a sordos; era el turno de Mateo
¡Empezaba el juego!
— Oye, mi reina ¿No podríamos besarnos?
— Tranquilo ¿qué te pasa?
— Es que ya no puedo más. Cuando te vi, fue como si cada gota de sangre pesara kilos, mi cuerpo se paralizó, y mi corazón bombeaba como un tambor al son de tus curvas. Quizás pienses que soy un loco, pero no. Solo quiero saber tu nombre y, si así lo decides, tu teléfono. Lo demás; ya se verá
— No me pareces loco, solo idiota ¡Vete ya o llamaré a los municipales!
Mateo había fallado y Nicolás se reía
— ¡Eres penoso colega!
La escena se repite como una película en reversa y Nicolás se hace cargo
— Oye ¿estás bien?
Nicolás se restregaba las manos. La niña sonaba preocupada y se sabe que; habiendo preocupación, hay interés
— Sí princesa, es que me desespera no saber siquiera tu nombre. Sería estupendo que alguien con mi prestancia y simpatía, ande por la vida acompañado por un cuerpo y unas piernas como las tuyas ¿Mola verdad? ¿Tu que dices?
— Digo que eres un idiota sin remedio y que mejor me dejes tranquila o los municipales sabrán de ti
Los ángeles abandonan el cuerpo y vuelven a su nube para reflexionar sobre lo ocurrido
— No se como pudo haber pasado esto Mateo, pero si yo soy un galán y nunca fallo.
— ¡Y yo qué! La maté con las cosas que le dije, vamos, que pareció que se largaba a llorar de la emoción. No comprendo como se me pudo escapar.
En tanto, en el mundo, la chica, ofuscada y cavilosa, reflexionaba sobre los sucesos
— ¡Que tonta fui! No tendría que haber mirado a este bodoque
El chico, estaba perplejo
— ¿Qué me pasa? me siento raro es como si por momentos hubiera desaparecido de este mundo, Y esa chica, ¿dónde está? Con lo que me cuesta mirarla a los ojos y una vez que me da bola me comporto como un idiota sin remedio
Los ángeles se mordían de rabia. Es sabido que, en el cielo, los fracasos están muy mal vistos. Queriendo saber el porqué del plantón, siguieron a la chica hasta su casa que quedaba a unas pocas manzanas de donde estaban.
Cuando llegan a la casa de la chica, los ángeles, celestialmente boquiabiertos, miran las fotos del muchacho que utilizaron, tapizando el cuarto del piso al techo. Cosa que no duraría demasiado, ya que la niña las rompía una a una, mientras llora a moco tendido
— ¡Pero que estúpida soy! ¡Diferente! ¡Especial! ¡Uno más! ¡Igual al resto! ¡Como pude ser tan ciega!
Los ángeles se dieron cuenta que en verdad no solo no ayudaron a ese pobre enamorado sino que la embarraron por que él ya la había cautivado, vaya uno a saber porqué. Ellos, de fijo, lo ignoraban.
— Oye compañero, tenemos que hacer algo
— ¡Ya lo creo! Flaco favor les hicimos
— Volvamos el tiempo atrás
Las luces se apagaron nuevamente, los ruidos volvieron a callar. Los chicos estaban juntos en su banco, y los querubes miraban como el tartamudeaba y daba mil rodeos hasta soltar las frases que tenía atragantadas desde el primer momento en que la vio
— Q…quiero d…decirte q…que ¡Me gustas! ¡Si, eso, me gustas mucho!
Respiró y suspiró, como si emergiera del mar en Enero
— Eres tan frágil como lo soñaba ¿sabes? A mi también me gustas mucho.
Los ángeles se quedaron de piedra cuando vieron que el chico la besaba. Había ganado contra todo pronóstico.
— Yo no entiendo a las chicas de hoy en día.
— Tantos trabajos nos tomamos, tanta seducción desplegamos, y luego resulta que la enamora el gilipollas.
— Vamos, que al amor de las mujeres, ni dios lo entiende
— No te preocupes colega, algún dia se nos dará a nosotros y allí se verá
— Tienes razón, el amor siempre tiene su oportunidad

